Te has preguntado alguna vez ¿cómo hacen aquellas personas que consiguen construir en general relaciones sanas y efectivas? ¿Conoces a alguien así? Seguramente te vendrá alguna u otra persona a la cabeza. Y aunque nadie es perfecto, por desgracia un gran número de personas tiene dificultades ante la exposición social o relacional, lo que ocasiona conflictos y malestar.
Es por eso que no es raro que una persona termine acudiendo a terapia psicológica aquejado de tales asuntos. Cuando esto pasa los psicólogos tendemos a advertir que durante el crecimiento no nos han enseñado lo suficiente a adquirir y desarrollar habilidades sociales saludables ya que no siempre están en la persona de manera natural, y por tanto será necesario trabajar en ellas a través del aprendizaje, la práctica y el esfuerzo.
Pero ¿que son exactamente las habilidades sociales? son un conjunto de habilidades comunicativas verbales y no verbales que el ser humano puede adquirir y desarrollar a lo largo de la vida para incorporarlas o usarlas en su cotidianidad. ¿Te imaginas que fueran aplicaciones que podemos descargar en nuestro teléfono psicológico e ir mejorando su versión? Seria genial, ¿verdad?
Entre las habilidades no verbales se incluyen la expresión facial y el lenguaje corporal comprensible y adecuado a la situación. En cambio, entre las habilidades verbales se encuentran la capacidad de escuchar activamente, de dar y recibir información desde el respeto y la tolerancia, la facilidad para expresar nuestros pensamientos y sentimientos de manera asertiva, de tomar decisiones en grupo, de negociar, de dar y recibir ayuda, de comprender y respetar las perspectivas de los demás, de ser empático o de manejar situaciones de estrés. Todas ellas esenciales para una buena interacción social, ya sea personal o laboral ya que son fundamentales para poder establecer relaciones interpersonales saludables con la familia, pareja o amigos, presentarse ante un público o desenvolverse con éxito en el ámbito laboral.
Cabe destacar que en el presente además la cultura se ha vuelto cada vez más exigente y demanda que las personas tiendan a adquirir estas habilidades en los espacios sociales que transitan o las redes sociales, por lo tanto se han vuelto esenciales para la vida cotidiana a la par que fomentan la salud mental y el bienestar, pero no a todas las personas les nace o les sale hacerlas y es por eso que la terapia psicológica puede ser de gran ayuda para desarrollarlas.
Por ejemplo una herramienta básica que puedes adquirir gracias a la ayuda de tu psicólogo es la comunicación asertiva: una habilidad social importante que se refiere a la capacidad de expresar los propios sentimientos, pensamientos y necesidades de manera clara y directa, al mismo tiempo que se respetan los derechos y opiniones de los demás. Porque es una forma de comunicación que fomenta la honestidad, el respeto y la confianza en las relaciones interpersonales que implica escuchar activamente y tener en cuenta los puntos de vista de los otros, sin desentenderse de los argumentos propios. A su vez, cabe resaltar que se diferencia de dos modos de comunicación muy habituales, pero que son poco efectivos y saludables: la comunicación agresiva y pasiva.
La comunicación pasiva se caracteriza por ser sumisa y poco expresiva de las propias necesidades y deseos; y la comunicación agresiva en cambio tiende a ser dominante, impositiva y poco respetuosa; en cambio la comunicación asertiva busca encontrar un equilibrio entre ellas dos.
Pensemos juntos una situación de pareja común, que puede ser cuando uno de los miembros desea que el otro haga algo específico, como limpiar la casa. Si la persona se comunica de forma pasiva, tendrá dificultades para expresar lo que necesita o quiere de su pareja y quizás comenzará a limpiar ella misma, seguramente con tristeza y disgusto con la otra persona, además de sentirse sobrecargada y exigida por las tareas del hogar; Por otro lado si la persona se comunica agresivamente, es frecuente que tienda a quejarse del otro con sentimientos de rabia y rechazo, discutiendo de forma intimidatoria o insultante; en cambio quien ha aprendido a comunicarse asertivamente seguramente pueda iniciar una conversación en la que exprese como se siente y que le gustaría que pasara, de forma clara y directa, sin atacar a otro y proponiendo soluciones prácticas en busca de un acuerdo mutuo.
- Pasiva: “deja ya lo hago yo, como siempre”
- Agresiva: “nunca haces nada, todo lo tengo que hacer yo, eres un inútil”
- Asertiva: «Me gustaría hablar contigo acerca de la limpieza. ¿Podemos dividir las tareas? Me resulta abrumador tener que hacerlo todo yo».
En resumen, disponer de habilidades sociales es fundamental y la terapia psicológica puede ser un espacio valioso para adquirirlas y desarrollarlas, porque con el tiempo y el esfuerzo adecuados, cualquier persona las puede mejorar. No lo olvides, junto con tu psicólogo puedes aprender a reconocer y cambiar patrones de pensamiento y comportamiento inefectivos ante situaciones sociales desafiantes. Diseñando estrategias y metas realistas adaptadas a tus circunstancias.

